15 de julio de 2013

La gran evasión republicana que acabó en matanza

La gran evasión republicana que acabó en matanzaPDFImprimirE-mail
Nuestra Memoria La Guerra Civil
Escrito por Alejandro Torrús   
Lunes, 15 de Julio de 2013 00:00
En mayo de 1938, 795 presos republicanos protagonizaron la mayor evasión de la historia de España en el fuerte de Ezkaba (Pamplona). 207 fueron ejecutados en los montes y 586 fueron apresados, 14 de ellos fueron fusilados en agosto como organizadores. 46 presos más murieron por enfermedad y malos tratos hasta 1943. Sólo tres lograron llegar hasta Francia

La primera parte del plan de fuga de una treintena de prisioneros políticos del fuerte de Ezkaba había funcionado. Un pequeño grupo de reclusos había reducido a los escasos militares presentes en el fuerte aquel domingo 22 de mayo de 1938. Las puertas del penal habían quedado abiertas para los 2.497 presos que abarrotaban la prisión navarra. "A la calle compañeros. Sois libres", gritaron los líderes. Desnutridos y con apenas acceso a agua potable durante meses, muchos de los prisioneros dudaron de las posibilidades de éxito de la evasión. 795 sí se decidieron a huir con destino a la frontera francesa, situada a apenas 50 kilómetros del fuerte. Sólo tres consiguieron llegar a Francia. El resto vivió una auténtica cacería humana.
"Creo que todos los que íbamos saliendo nos hacíamos la misma pregunta: ¿Qué nos espera a la salida? Mi respuesta mental fue que preferiría un tiro antes de seguir prisionero y estaba decidido a jugármela", resumió el preso Rogelio Diz. El plan de fuga, sin embargo, falló en su segunda parte: la huida. Uno de los guardias había conseguido escapar del fuerte y avisó a las autoridades militares de la rebelión de los presos. En apenas 30 minutos grupos de falangistas, militares, guardias civiles y requetés estaban peinando la zona en búsqueda y captura de los presos.
"Los que íbamos saliendo nos hacíamos la misma pregunta: ¿Qué nos espera a la salida?" 

Vivienda para todos: no quieren, pero se puede

Vivienda para todos: no quieren, pero se puedePDFImprimirE-mail
Opinión / Actualidad Política
Escrito por Gerardo Pisarello   
Lunes, 15 de Julio de 2013 04:38
Campañas como las de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca están devolviendo la dignidad y la capacidad de actuación colectiva a personas hasta hace poco aisladas, culpabilizadas y abrumadas por el miedo. Sus acciones de desobediencia no surgen de la nada. Recogen –y reinventan— la mejor tradición del movimiento vecinal antifranquista y una herencia que se remonta, al menos, a los sindicatos de inquilinos existentes en Bilbao, Sevilla, Tenerife o Barcelona a principios del siglo XX. A la impunidad financiera, a la voracidad especulativa y a la criminalización de la protesta, oponen algo sencillo pero elemental: priorizar las necesidades básicas de las personas y hacer del acceso a la vivienda y a la ciudad un derecho fundamental y un bien público-común.

La falta de garantías del derecho a una vivienda digna fue un factor determinante en la gestación de la crisis actual. Ahora, las luchas en torno a su configuración como derecho y no como un simple objeto de especulación están siendo un elemento clave en la resolución de la misma. Estas disputas no expresan un conflicto menor. Apuntan al corazón de un tipo de capitalismo inmobiliario-financiero-caciquil que hunde sus raíces en el franquismo, que ha marcado buena parte del “consenso” fraguado en la transición y que se ha visto espoleado por las políticas monetaristas y neoliberales de la Unión Europea [1].
El estallido de la crisis de 2008, en realidad, no ha hecho sino sacar a la luz los rasgos más grotescos de este modelo. Con resultados contradictorios. A ojos de amplias capas de la población, el derecho a la vivienda sigue apareciendo como una promesa de papel. Como un derecho devaluado y sacrificado sin pudor a los intereses patrimoniales de entidades financieras, promotores y otros poderes privados. Al mismo tiempo, sin embargo, sigue operando como bandera de denuncia y de deslegitimación de las actuaciones públicas y privadas que propician su vaciamiento. Y como exigencia, al mismo tiempo, de unas condiciones habitacionales más dignas, sostenibles e igualitarias.

Sexo y política en sanfermin: rasgarse o no rasgarse las vestiduras.

Sexo y política en sanfermin: rasgarse o no rasgarse las vestiduras.

publicado | argitaratua 15. jul, 2013
sanfermin-3
Por ARGOS.
Hace poco tuvimos una discusión en la “mesa de redacción” de este blog acerca de si debíamos hacernos eco de algún artículo-denuncia sobre comportamientos sexistas en sanfermin. Alguno se opuso argumentado que en aquel artículo veía, ciertamente, una foto llamativa o escandalosa o desagradable o inmoral o obscena, según el punto de vista del espectador. Pero que no había en realidad ningún relato de los hechos, ningún testimonio de los presentes, actores o pacientes, y solo la suposición de cómo había transcurrido la escena. Una suposición que en el artículo que se pretendía reproducir estaba llena de connotaciones.
Pasados varios días de aquella discusión, vemos que en Público y El País se reproduce no solo aquel artículo, sino otros varios sobre el mismo tema, e incluso se recuperan enlaces y videos de hace dos y tres años sobre violencias y ofensas sexuales durante los sanfermines. También las emisoras de radio y televisión dan espacio al comentario, siempre al comentario, sin que nadie aporte un relato de lo ocurrido. Está claro que el sexo vende, la foto vende, con sus colores blanco y carne manchados de rojo, y que rasgarse las vestiduras acerca de unas vestiduras rasgadas es también una forma de hacer partícipe al lector de ese punto de desenfreno que tienen los sanfermines. La foto que da pie a esos artículos funciona como un test proyectivo, tanto para los autores como para los lectores.
Por eso mismo, por el revuelo mediático alcanzado por la foto, quizá vale la pena hacer una reflexión puramente política sobre esa foto, el desenfreno sanferminero, el sexo normativo y la desnormativización del sexo. Sobre todo, porque nadie ha mostrado un punto de vista diferente, algo que vaya más allá del mero rasgarse las vestiduras.