9 de agosto de 2013

Arriba (la marca) España



Antonio Caro / Diagonal

Todo es marca. O todo tiende a revestirse del estatuto de marca. Y así, la primera recomendación que recibe cualquier estudiante de MBA es que se construya como marca si aspira a lograr un buen puesto de trabajo. Y así, los programas de unos partidos políticos crecientemente asimilados a las marcas comerciales pierden su estatuto de promesas que el partido se compromete a cumplir si alcanza el poder para funcionar como mecanismos de marketing estrictamente dirigidos a la captación de votos.

Con el resultado de que, en este capitalismo semiótico que vivimos, todo lo sólido tiende a disolverse en forma de signos-marca que, en virtud de su inherente aleatoriedad, resultan perfectamente intercambiables entre sí, disponiéndose a ocupar su lugar en un universo gaseoso donde lo virtual y las apariencias reemplazan a lo material y a toda clase de esencias.

Es en ese contexto donde se sitúa la operación actualmente en marcha –por obra y gracia del Gobierno de Rajoy y con especial empecinamiento por parte de su ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación– en virtud de la cual la “esencia” de España trata de ser sustituida por una incolora, inodora e insípida marca España.

Una reforma energética que penaliza el ahorro y el autoconsumo

Cote Romero / Diagonal
El pasado 12 de julio el Consejo de Ministro alumbró un nuevo Real-Decreto Ley, por el que se adoptan medidas urgentes para garantizar la estabilidad financiera del sistema eléctrico, convalidado en cinco días en el Congreso de los Diputados mediante la apisonadora de la mayoría absoluta. A lo largo de los días siguientes han ido apareciendo trece borradores de normas, entre ellos, el Anteproyecto de Ley del Sector Eléctrico que derogará a la ley del año 97. El paquete normativo cocinado al margen de la ciudadanía se está tramitando por la vía de urgencia, de ahí, que tan sólo se haya habilitado un plazo de 10 días para el trámite de audiencia pública, siendo imposible cumplimentar éste por imposibilidad material de estudiar sus más de 1.000 páginas en tan corto periodo de tiempo.