PROCESO CONTRA LOS ACTIVISTAS ANTI-TAV
La tarta de Barcina, más cara que el zapato de Bush
El tartazo se ha convertido en una forma de protesta en infinidad de países, pero la petición de penas para las tres personas que «entartaron» a Yolanda Barcina no tiene parangón en el mundo entero, según denunció ayer Mugitu!
Aritz INTXUSTA
M untazer Zaidi, periodista iraquí, aprovechó una rueda de prensa de George Bush en su país para lanzarle su zapato, al tiempo que le gritó: «Este es el beso de despedida del pueblo iraquí, perro». Aunque para la memoria colectiva quedó la capacidad de Bush para esquivar el primer proyectil, Zaidi logró arrojarle sus dos zapatos, un gesto que, en la cultura islámica, se entiende como una muestra del más absoluto desprecio. Su segundo mensaje fue: «Esto es por las viudas y por los huérfanos y por todos los asesinados en Irak». Zaidi fue apresado de forma inmediata y lo metieron en la cárcel. Primero le cayeron tres años de cárcel y, en un segundo juicio, se lo redujeron a uno, que es lo que finalmente cumplió.
Este precedente de la justicia iraquí sirve de baremo para calibrar la petición de penas que han emitido tanto la Fiscalía de la Audiencia Nacional como la propia acusación popular que ejerce Yolanda Barcina contra las tres personas que le estamparon tres tartas en la cabeza en una cumbre sobre el Tren de Alta Velocidad en Toulouse. El Ministerio Público solicita cinco años de cárcel para los tres «tartalaris» y la misma condena para una cuarta persona, que reivindicó la acción en una rueda de prensa, así como una multa de 9 meses a razón de 10 euros diarios (2.700 euros por persona). Barcina, por su parte, quiere encerrar a tres de ellos durante seis años y a Gorka Ovejero, nueve, puesto que entiende que concurre el agravante de «prevalerse de su condición de autoridad». El motivo es que Ovejero es edil de Arruazu (114 habitantes). Las multas que solicita la acusación particular son de 3.600 euros y 5.400 para el concejal. Las cuentas son bien fáciles de hacer; «entartar» a Barcina puede salir cinco, seis o hasta nueve veces más caro que lanzarle zapatos a Bush. Más la multa.