Vicenç Navarro / Público
Estos días ha sido noticia la beatificación de 522 personas, referidas en la
narrativa de la Iglesia Católica como mártires de la Guerra Civil, individuos
considerados inocentes de cualquier mal que dieron su vida “en defensa de la fe
católica y del mensaje de Cristo”. Las autoridades eclesiásticas católicas se
han movilizado para señalar que en ningún momento debe interpretarse esta
beatificación –que es un homenaje a tales personas y reconocimiento del valor de
su sacrificio- como un acto político. Tanto Monseñor Angelo Amato, cardenal
prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, como Monseñor Josep
M. Soler, Abad de Montserrat, subrayan este hecho en La Vanguardia (06.10.13,
páginas 50 y 51).
11 de octubre de 2013
Reconocimiento y reparación a las víctimas del franquismo en Navarra
Europa Press
La Comisión de
Presidencia, Justicia e Interior del Parlamento de Navarra ha aprobado el
dictamen en relación con la proposición de Ley Foral de reconocimiento y
reparación moral de los ciudadanos navarros asesinados y víctimas de la
represión a raíz del golpe militar de 1936. La proposición de Ley
Foral presentada por Izquierda-Ezkerra tiene por objeto "recuperar, reconocer y
rehabilitar la memoria histórica" de los represaliados a partir de los hechos
que dieron lugar a la implantación de la dictadura, a través de una serie de
actuaciones a desarrollar en colaboración con "ayuntamientos, entidades
académicas y asociaciones de familiares de fusilados y de Memoria
histórica".
Otra educación para otra sociedad
Violeta Garrido (UJCE)
No hace mucho, en una entrevista en televisión, el ministro de
Educación, José Ignacio Wert, lanzó la provocativa declaración que sigue:
“Comparado con otros países de nuestro entorno embarcados en reformas
educativas, como México o Chile, el nivel de discrepancia o conflicto en España
se puede considerar una fiesta de cumpleaños”. En primer lugar, es una falta de
respeto grave para los trabajadores del sistema educativo, pero eso no debería
sorprendernos a estas alturas, cuando hemos oído ya sus intenciones de
“españolizar” a los catalanes o tildar de fascistas a los estudiantes sevillanos
que le impidieron impartir una conferencia, entre otras cosas. Desde luego,
pronunció una afirmación desafiante, sobre todo teniendo en cuenta que el nivel
de desacuerdo que tiene la comunidad educativa con respecto a la LOMCE es
altísimo, como se ha constatado desde el principio en el Consejo Escolar del
Estado, por ejemplo. Quizás se refiera a que los que están de acuerdo se reducen
al sector que ha sido preguntado sobre el tema, es decir, asociaciones de
colegios concertados y católicos. Ni un sólo docente, y muchos menos un
estudiante, ha tenido voz en la estructuración de la reforma.
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