Las últimas noticias sobre la economía española y la reacción del gobierno ante las protestas ciudadanas marcan a mi juicio un punto definitivo de no retorno.
Los datos del paro, el empeoramiento de las previsiones de crecimiento, la corrección al alza de la cifra de déficit o la evolución de los indicadores del crédito, del consumo o la producción industrial reflejan que la acción del gobierno del Partido Popular es un desastre sin paliativo alguno.
Ni una sola de las reformas que ha ido adoptando ha logrado lo que le dijeron a los ciudadanos que iba a conseguir. La reforma laboral ha multiplicado el desempleo, las financieras no han saneado de verdad el sistema bancario ni han recuperado el crédito, la amnistía fiscal solo ha servido para que se valgan de ella los correligionarios de los gobernantes, y los recortes de derechos y gastos sociales en educación, sanidad, pensiones o atención a la dependencia ni siquiera suponen una disminución sustancial de la deuda porque se mantienen los altos pagos por intereses o el apoyo generoso a la banca y a las grandes empresas.
Los datos son irrefutables y no hay manera alguna de salvar la gestión de Mariano Rajoy y de su partido. El cierre de empresas y los despidos crece sin cesar, miles de empresarios pierden sus patrimonio y los niveles de paro avergüenzan ya y dan miedo a propios y extraños. La economía no levanta cabeza se mire por donde se mire, la pobreza está aumentando dramáticamente, sobre todo entre las personas mayores y los jóvenes y niños, miles de personas y hogares pierden sus viviendas, los servicios públicos se degradan por momentos y los ingresos de las familias caen estrepitosamente, generando no solo sufrimiento sino la ruina de las pequeñas y medianas empresas que viven de ellos, o de cientos de municipios.
