Antonio Caro (Diagonal)
Todo es marca. O todo tiende a revestirse del estatuto de marca. Y así, la primera recomendación que recibe cualquier estudiante de MBA es que se construya como marca si aspira a lograr un buen puesto de trabajo. Y así, los programas de unos partidos políticos crecientemente asimilados a las marcas comerciales pierden su estatuto de promesas que el partido se compromete a cumplir si alcanza el poder para funcionar como mecanismos de marketing estrictamente dirigidos a la captación de votos.
