“Los pobres no podemos estudiar. No quieren que nuestros hijos sean médicos o abogados”
Diego Cañamero lleva toda la noche sin dormir. Salió a las siete de la mañana de trabajar como camarero en una caseta de la feria de Arahal (Sevilla), se dio una ducha y cargó un coche, junto con sus compañeros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), con todo el material escolarexpropiado la semana pasada en un Carrefour. Destino: Corrala Utopía, el edificio ocupado hace más de un año por 36 familias sin recursos en Sevilla.
Los niños de la corrala, que llevan viviendo más de un año sin luz ni agua, se despertaron nerviosos. El sindicato ha distribuido el material en una treintena de mochilas: tres cuadernos en cada una, lápices, bolígrafos, regla, escuadra y cartabón, gomas de borrar, sacapuntas, tijeras, un estuche, un compás y un diccionario para los más mayores. “Somos los pobres los que tenemos que ayudarnos entre nosotros, los pobres a los pobres, porque nadie va a hacer nada por nosotros”, afirma Toñi Rodríguez, vecina de la corrala, sin estudios pero con un discurso que entiende todo el mundo. “Los pobres no podemos estudiar, porque no podemos pagar, porque no tenemos trabajo. No quieren que nuestros hijos sean médicos o abogados o arquitectos”, reflexiona.

