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25 de marzo de 2013

Elogio del escrache

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Opinión / Actualidad Política
Escrito por Juan Domingo Sánchez   
Lunes, 25 de Marzo de 2013 00:00
EscracheAda Colau lo anunció claramente durante su comparecencia en el Congreso: la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) no se quedaría con los brazos cruzados mientras se tramita la Iniciativa Legislativa Popular sobre la dación en pago y otras medidas relacionadas con los desahucios. La PAH ejercería toda la presión necesaria para que los diputados tomasen conciencia de la espantosa situación que crea para numerosas personas la legislación actual.


Teóricamente, en la cuestión de los desahucios, los distintos gobiernos españoles se limitan a cumplir la ley y, como se cumple la ley, se tapan los ojos ante la violencia que esto supone. Y es que esta ley que no contempla la dación en pago para las personas -aunque sí para las empresas- ha expulsado de su vivienda a más de 400.000 personas y provocado más de 400 suicidios y un sinfín de situaciones de miseria, humillación y sufrimiento. El operativo habitual de desahucio corre fundamentalmente a cargo de agentes de policía y oficiales de juzgado. Estos se presentan ante la vivienda de la persona condenada al desahucio y la presionan por todos los medios para que abandone su domicilio. Todo vale: gritos, amenazas, intimidaciones, golpes, puertas descerrajadas, etc.

3 de marzo de 2013

Si esto hubiera pasado en Cuba la cosa hubiera sido diferente

Heidi Sánchez (Mundo Obrero)
Yoani Sánchez, que inventa detenciones y agresiones nunca demostradas, es portada de muchos medios, mientras ningún medio importante hace mención a los periodistas agredidos que realizaban su labor el pasado 23 de febrero.


España, un país desarrollado, miembro de la Unión Europea, va dando lecciones de democracia a países que califica del tercer mundo, siendo uno de sus ejes blancos preferidos de crítica Cuba, nación a la cual se acusa sistemáticamente de practicar la censura mediática e impedir la libertad de expresión, mientras que periodistas de medios españoles son agredidos por la policía cuando cubren manifestaciones.

2 de febrero de 2013

Ningún policía será sancionado por las cargas del 25-S

Público
La Comisaría General de Seguridad Ciudadana ha decidido archivar sin aplicar sanción alguna la investigación interna abierta para esclarecer la actuación de los agentes antidisturbios que irrumpieron en la estación de de Atocha en Madrid tras los disturbios originados el 25 de septiembre tras una concentración frente al Congreso de los Diputados, han informado a Europa Press fuentes de la Dirección General de la Policía. 

25 de enero de 2013

Amnistía Internacional entrega 60.000 firmas contra los abusos policiales

Luis Giménez San Miguel (Público)
El exceso de uso de la fuerza por parte de los agentes antidisturbios y la impunidad con la que estos actúan ha vuelto a ser denunciada por Amnistía Internacional. Este jueves, una delegación de la plataforma ha ido al Ministerio de Interior para entregar más de 60.000 firmas para pedir al Gobierno que investigue los abusos cometidos en las cargas policiales que se produjeron al final de la manifestación del 25 de septiembre en los alrededores del Congreso de los Diputados. También ha solicitado una reunión con los responsables políticos para abordar este asunto.


29 de noviembre de 2012

Contra el indulto como fraude en defensa de la independencia judicial y de la dignidad

Manifiesto jueces
Manifiesto de cerca de 200 jueces en protesta contra el reciente indulto concedido a cuatro policías condenados por delitos de torturas.

La Audiencia Provincial de Barcelona condenó en el año 2008 a cuatro agentes de policía como autores de delitos de tortura tras declarar probado que habían realizado unos hechos gravísimos. La sentencia fue recurrida ante el Tribunal Supremo, que sólo estimó en parte alguno de los recursos. Las penas impuestas, como en cualquier supuesto idéntico, suponían el ingreso en prisión de las personas condenadas. El Gobierno decidió en febrero de este año indultar a los agentes condenados para reducir sus penas a dos años de prisión y sustituir la inicial inhabilitación por la suspensión, permitiendo el reingreso en el cuerpo.

18 de noviembre de 2012

La mejor huelga

Manuel Rivas (El País)
La huelga del 14-N ha conseguido en la calle algo extraordinario: la mayor cohesión de un país hecho añicos. La imagen del chaval con la brecha en la cabeza y la cara ensangrentada no responde a un golpe fortuito. Es, por decirlo así, un clásico en la iconografía española de la protesta. Es una cabeza herida, que interpela como un óleo de Goya. Un sacrificio destinado a los dioses más estúpidos. Es un oficio difícil, el del antidisturbios. Se les encomienda el orden, pero no pueden hacer nada contra el mayor desorden: el que causa la injusticia.


Cada recorte asistencial, cada despido a mansalva, nos conducen a un Estado de Inseguridad. Todavía es más difícil el trabajo del huelguista y del manifestante. Todos son riesgos, y sin emolumentos. Se habla de la intimidación de los piquetes. Al contrario, quienes hoy hacen huelga en España se juegan el puesto de trabajo. Ejercen un derecho, pero quedan marcados con un estigma. Y no digamos ya si, además, son sindicalistas. En el Antiguo Régimen, había un alcalde en Vigo que tenía por deporte insultar desde el coche en caso de protesta. Le ordenaba al chofer: “Tú insultas por la izquierda, y yo por la derecha”. Pues esa es la moda en vigor: despellejar a los sindicalistas. Hay vehículos de información donde se insulta desde todas las ventanillas. Verdaderos campeonatos de exabruptos. 

Se trata de laminar a los sindicatos y a las fuerzas de la cumbre social. La huelga del 14-N ha conseguido en la calle algo extraordinario: la mayor cohesión de un país hecho añicos. Nunca, desde hace tiempo, se unieron a la vez tantos jóvenes y pensionistas, parados y empleados, autónomos y asalariados, inmigrantes y autóctonos, médicos y enfermos, investigadores y bachilleres. ¡Incluso futbolistas! La nación de la huelga era la verdadera nación de la Pepa. Deberían estar contentos los patriotas. Pero echan humo por la nariz. Se equivocan en querer vaciar las calles. En la desesperanza, si no las llena el pueblo, las calles se llenarán de pobreza y horror.

17 de noviembre de 2012

Violencia policial: ¿qué tiene que pasar para que alguien tome medidas?

Isaac Rosa / UCR
Al día siguiente de la huelga, toca cine. De terror, por supuesto. Se ha hecho ya costumbre que dediquemos el día después de una huelga o manifestación a ver los cientos de vídeos de brutalidad policial que circulan por las redes sociales. Y la huelga del 14-N, como esperábamos, ha incorporado varios títulos a nuestra filmoteca. 


La secuencia del mosso abriéndole la cabeza a un crío en Tarragona, su compañero rematándolo en el suelo, y un tercero apaleando a una chica por estar cerca, se convierte en un clásico del género, a la altura de títulos como “Paliza en el andén del Cercanías”, “Estudiantes apaleados a la puerta del instituto”, o el popular “A mí no, que soy compañero”, que es del subgénero comedia tonta.

Nos pasamos vídeos unos a otros, revisamos fotografías más propias de forense (cabezas abiertas, espaldas amoratadas, hasta un ojo reventado), y reunimos información para elaborar el parte de bajas: cuántos heridos, cuántos detenidos, cuántos periodistas golpeados, cuántos policías infiltrados han sido pillados.
Empieza a parecernos rutina, una más de este ciclo de protestas. Y no puede ser, no podemos normalizarlo. No sé si alguien lleva la cuenta de los apaleados en el último año y medio (desde el 15-M hasta hoy), los detenidos, los cientos que han recibido multas, y la cuenta más difícil de hacer: la de los ciudadanos asustados, que pueden pensar que ir a una manifestación es demasiado peligroso. Si esto es una democracia, hay que decir basta, o lo que estará en riesgo no serán ya solo los derechos sociales.

No es la primera vez que un crío acaba con grapas en la cabeza. Tampoco es la primera vez que una manifestante pierde un ojo: en la huelga anterior hubo otros dos casos, y también en Barcelona; 23 en toda España desde 1990 por el uso de un armamento que en otros países está prohibido, y que hace meses ya mató a un joven en Bilbao.

Cada uno habrá hecho su propia selección de momentos terribles del pasado miércoles, había para elegir: porrazos, empujones, patadas en la cabeza del caído, rodillas en la espalda, cuerpos arrastrados, sin distinguir ni edad ni género, lo mismo hombres que mujeres, lo mismo ancianos que críos. Todos hemos sentido miedo en algún momento, en vivo o en diferido, y eso es lo que buscan: que la próxima vez no vayamos; que cuando la delegada del Gobierno pronostique incidentes violentos, entendamos que ella nunca se equivoca; que al día siguiente hablemos de porrazos y no de la huelga. Una vez más, convertir un problema social en otro de orden público.

Me falta incluir en este artículo una palabra clave, sin la cual todo lo anterior sería incomprensible: impunidad. Porque más fácil que contar cuántos heridos y detenidos ha habido, es contar cuántos policías han sido investigados, expedientados, suspendidos o juzgados. Ya saben la respuesta.

La misma impunidad que ha acompañado a las fuerzas policiales en todos estos años de democracia. Unas veces amparada en la lucha contra el terrorismo, otras en el silencio cómplice de los compañeros, otras en la flojera de la Justicia, y en los casos contados en que sí había investigación, juicio y condena, acudía puntual el gobierno con el indulto. Esa es la historia de los abusos policiales en España, como denuncian organismos internacionales y ONGs desde hace años, y que no distingue de cuerpos, estatales o autonómicos.

¿Hasta dónde va a llegar la actual escalada represiva? Siendo previsible que el malestar vaya a más, ¿irá acompañada de una mayor represión? ¿Qué tiene que pasar para que alguien tome medidas? ¿Pasará como con los desahucios, que hemos necesitado dos muertos y cuatro años de protestas en la calle para que los dos grandes partidos y el gobierno se den por enterados y tomen alguna medida (insuficiente, además)?
No puede ser que tengamos que esperar un muerto para que alguien dé explicaciones, dimita o sea investigado, un ministro, un consejero, un mando policial o un agente. Lo sucedido el miércoles ya debería ser suficiente, debería tener consecuencias.

Nadie desea un muerto, sería subir de golpe varios escalones, nos enfrentaría a un escenario indeseable e imprevisible. Pero deberían saber que están tentando a la suerte a base de golpear cabezas, disparar bolas desde cerca y lanzar furgones a la carrera. Cada día después, mientras vemos los vídeos, pensamos lo mismo: lo raro es que no haya pasado nada más grave. Están a tiempo de frenar.