Francisco Frutos
Empezaré con una afirmación clara, que no admita dudas: el papel de la
izquierda catalana, y del PSC en el centro social liberal, es, sencillamente,
subsidiario del nacionalismo, por no decir servil a éste, sin nada propio que
defender en serio. Y la no catalana a veces lo parece. Al final del artículo
volveré al asunto. Primero desarrollaré algunas reflexiones como aportación para
aclarar el tema.
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2 de noviembre de 2013
13 de septiembre de 2013
El ataque neofascista pone en escena a la plataforma España en Marcha
Bertran Cazorla (lamarea.com)
Su desunión y fragmentación en facciones que mantenían discrepancias bizantinas es uno de los factores que se suelen enumerar para explicar por qué los grupúsculos ultraderechistas españoles no han salido de la irrelevancia en las últimas décadas. Hace unos meses, sin embargo, que algunos de estos grupos más destacados han encontrado la mejor herramienta para superar estas divergencias: un enemigo común. Es el soberanismo catalán. Frente a él, La Falange-FE (uno de los varios grupos que reivindican la herencia del partido fundado por José Antonio Primo de Rivera), Democracia Nacional, Alianza Nacional, Nudo Patriota Español y el Movimiento Patriota Español-Acción Juvenil Española han comenzado a organizar actos conjuntos bajo el paraguas de una nueva plataforma, la España en Marcha.
Su desunión y fragmentación en facciones que mantenían discrepancias bizantinas es uno de los factores que se suelen enumerar para explicar por qué los grupúsculos ultraderechistas españoles no han salido de la irrelevancia en las últimas décadas. Hace unos meses, sin embargo, que algunos de estos grupos más destacados han encontrado la mejor herramienta para superar estas divergencias: un enemigo común. Es el soberanismo catalán. Frente a él, La Falange-FE (uno de los varios grupos que reivindican la herencia del partido fundado por José Antonio Primo de Rivera), Democracia Nacional, Alianza Nacional, Nudo Patriota Español y el Movimiento Patriota Español-Acción Juvenil Española han comenzado a organizar actos conjuntos bajo el paraguas de una nueva plataforma, la España en Marcha.
27 de noviembre de 2012
25 N: por qué han sido tan importantes las elecciones catalanas
Antoni Domènech · G. Buster · Daniel Raventós · · ·
“El fulgurante crecimiento en unos pocos meses del soberanismo y el independentismo en el otrora ‘oasis catalán’ no puede entenderse sin entender estas dos cosas interrelacionadas: la crisis de la Monarquía de 1978 y la crisis del nacionalismo españolista tradicional, crisis asombrosamente aceleradas por la desintegración a cámara lenta de una Eurozona neciamente diseñada y la pésima gestión del problema por los incompetentes burócratas de la Troika. El independentismo catalán –y muy señaladamente, el independentismo parvenu de CiU— parasita de ambas crisis.”
Sí: eran sólo unas elecciones “regionales” en un país mediano metido en todo tipo de problemas, un Reino de España ubicado en un espacio continental política y económicamente decadente, Europa. Unas elecciones, encima, a las que, tradicionalmente, los propios electores catalanes habían poco menos que vuelto la espalda, castigándolas cada vez más con elevados índices de abstención. Estas del 25 N, sin embargo, cautivaron inopinadamente la atención de la gran prensa española e internacional, desde El País y El Mundo, hasta el Spiegel, el Guardian, el New York Times y el Financial Times. Un analista tan experimentado como el constitucionalista Javier Pérez Royo llegó a hablar de “las elecciones más importantes” desde el comienzo de la Segunda Restauración borbónica. En lo tocante a los propios interesados, los catalanes, nadie esperaba esta vez una abstención elevada, sino todo lo contrario. Y así ha sido: con una participación en torno al 70%, han batido los registros de participación de 1984.
“El fulgurante crecimiento en unos pocos meses del soberanismo y el independentismo en el otrora ‘oasis catalán’ no puede entenderse sin entender estas dos cosas interrelacionadas: la crisis de la Monarquía de 1978 y la crisis del nacionalismo españolista tradicional, crisis asombrosamente aceleradas por la desintegración a cámara lenta de una Eurozona neciamente diseñada y la pésima gestión del problema por los incompetentes burócratas de la Troika. El independentismo catalán –y muy señaladamente, el independentismo parvenu de CiU— parasita de ambas crisis.”
Sí: eran sólo unas elecciones “regionales” en un país mediano metido en todo tipo de problemas, un Reino de España ubicado en un espacio continental política y económicamente decadente, Europa. Unas elecciones, encima, a las que, tradicionalmente, los propios electores catalanes habían poco menos que vuelto la espalda, castigándolas cada vez más con elevados índices de abstención. Estas del 25 N, sin embargo, cautivaron inopinadamente la atención de la gran prensa española e internacional, desde El País y El Mundo, hasta el Spiegel, el Guardian, el New York Times y el Financial Times. Un analista tan experimentado como el constitucionalista Javier Pérez Royo llegó a hablar de “las elecciones más importantes” desde el comienzo de la Segunda Restauración borbónica. En lo tocante a los propios interesados, los catalanes, nadie esperaba esta vez una abstención elevada, sino todo lo contrario. Y así ha sido: con una participación en torno al 70%, han batido los registros de participación de 1984.
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