Ramón Zallo: "Corrupción versus democracia de calidad"
Lunes, 29 de Abril de 2013 08:41
Corrupción versus democracia de calidad
Ramón Zallo
No hay sistema en el que no haya corrupciones individuales, se descubran o no. Se producen de manera más acentuada en aquellos sistemas que, como el capitalismo, ensalzan y se basan en el egoísmo individual e invitan a rozar, cuando no a sobrepasar, el límite ético o legal en los comportamientos económicos y sociales.
Por extensión, lo que es atribuible a un individuo lo es también a colectivos o estructuras. Esta es la parte social o políticamente más preocupante, porque transciende los comportamientos individuales perseguibles para definir o, al menos, afectar a colectividades enteras que se mueven con códigos ocultos; con unas reglas propias, distintas a las reglas comunes que solo retóricamente se respetan y ensalzan.
Por derivación también puede hablarse de la “corrupción sistémica”, la corrupción del propio sistema, para referirse a estructuras económicas, sociales o políticas que no cumplan con unos mínimos de necesidades sociales en el sentido de la equidad, el bienestar y la libertad.
Así, el franquismo era un régimen corrupto y opaco por sus finalidades, formas y resultados, aunque pudieron aflorar unos pocos casos como el estraperlo, la fortuna de Juan March, Matesa o Sofico. Igualmente el reino de las Mafias, como fue la Italia de los 60-80 especialmente en Sicilia o Palermo, significó la suspensión del funcionamiento del Estado o, si se quiere, un contra-Estado arbitrario y de sicarios. A otra escala, la Marbella de Jesús Gil y sus acólitos se tradujo en una orgía de ilegalidades desde el propio poder local.
Por definición, dictaduras y mafias suponen corrupción en si mismas. La ventaja de las democracias es que antes o después aflorarán algunos hechos y se sancionarán una parte de ellos, lo que hace que potencialmente puedan regularse y controlarse mejor.