Benito Rabal
Siento decirlo así de claro y espero que no se me malinterprete, pero
cada vez que estoy asomado a la ventana y veo a los niños bajarse de los
coches de sus padres para entrar al colegio de enfrente de mi casa, una
especie de calor me sube por todo el cuerpo, como si me hirviera la
sangre, y el rostro parece que me quisiera estallar de ira. Y no es por
los niños, no se vaya a creer. Adoro a los niños. Yo mismo soy padre de
cuatro encantadoras criaturas. ¿Que por qué me asalta la ira ante esa
visión? La verdad es que no lo sé, pero para eso estamos aquí, ¿verdad,
doctor?.
