Manuel Martínez Llaneza / Mundo Obrero
En el año 1955, Tennessee Ernie Ford llevó al nº 1 de ventas en USA una canción de algunos años antes sobre la minería del carbón: Sixteen tons (Dieciséis toneladas); poco después, la versión de The Platters, con la voz del bajo Herbert, hizo época en todo el mundo. José Guardiola la grabó en castellano. Era la canción de un minero que habla de su dura vida en la mina. En la versión española, el estribillo acaba un poco ripiosamente con ...tu recompensa, pobre John, la tendrás/ cuando, hecho polvo, descansarás ya; la versión original dice, ...cada día más viejo y más endeudado/ San Pedro, no me llames porque no puedo ir/ debo mi alma al almacén de la empresa1.
La respuesta de los medios de información de mayor difusión de sensibilidad conservadora a la elección del cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como nuevo Papa ha sido sumamente positiva, presentando al nuevo Papa como el Papa de los pobres y como un luchador contra las desigualdades que han caracterizado a América Latina durante muchos años. La prensa estadounidense en general –con la excepción de The New York Times- lo ha definido también como el Papa con mayor conciencia social. Incluso la elección de su nombre como Papa, Francisco, reivindicando la herencia de San Francisco, el santo amigo de los pobres, parece confirmar su vocación. En España y en Catalunya los medios conservadores lo han presentado como conservador en temas teológicos, pero progresista en temas sociales. La Vanguardia, cuya línea editorial no se distingue ni por su simpatía hacia los pobres ni por su compromiso con la reducción de las desigualdades, ha alabado al Papa definiéndolo como el Papa Social.
El problema de tal coro de alabanzas es que ignora, en el mejor de los casos, u oculta, en el peor, toda una historia de complicidades y compromisos, a lo largo de la biografía del nuevo Papa, con las fuerzas políticas más responsables de la expansión de la pobreza en Argentina y en América Latina y de la acentuación de las desigualdades sociales. En relación a la Junta Militar, cuyas políticas agravaban la pobreza y las desigualdades en Argentina, su comportamiento fue, en el mejor de los casos, el silencio, con plena conciencia, por cierto, del carácter terrorista de la Junta Militar argentina que gobernó aquel país durante el periodo 1976-1983. En realidad, la Iglesia Argentina, en la cual Jorge Mario Bergoglio era un conocido dirigente, fue una de las Iglesias de América Latina más involucradas en el apoyo de las Juntas Militares, conocidas por su sangrienta y cruel represión de aquellos, dentro y fuera de la Iglesia, que más luchaban por la eliminación de la pobreza y por la reducción de las desigualdades.













