| Nuestra Memoria - La ley de la memoria |
| Escrito por Carlos Jimenez Villarejo |
| Martes, 26 de Marzo de 2013 00:00 |
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Cuando la Juez argentina que instruye el proceso por los crímenes del franquismo, parece avanzar en su investigación, el Gobierno del Partido Popular avanza en sentido contrario. Es decir, mantiene y profundiza la eliminación de cualquier forma de aplicación de la Ley de la Memoria Histórica (LMH) de 2007.Y, en consecuencia, evita no solo cualquier medida que represente el conocimiento de dichos crímenes sino, lo que hoy es mas grave, el reconocimiento de los derechos de sus víctimas. Resulta arbitrario e injusto que un Gobierno formalmente democrático rechace la aplicación de una Ley vigente. Pero es una posición que, ya sabemos, explicita la vinculación del PP y su Gobierno con los desvalores de la dictadura franquista.
Pero, esa posición contrasta con iniciativas oficiales europeas que recientemente han sido conocidas. Ha pasado casi desapercibido que durante el mes de Febrero, autoridades alemanas, bajo la dirección del Fiscal de Dortmund Andreas Brendel, visitaron las ruinas del pueblo francés Oradour-sur-Glane- próximo a Limoges- que en 1944 fue atacado y destruido totalmente por una unidad militar de las SS, después de asesinar fríamente a sus 642 vecinos. El objetivo era recabar pruebas, 68 años después de la matanza, para la investigación judicial que está en curso en aquel país. El organismo que desde 1958 está actuando para conocer las circunstancias de ese y tantos crímenes es la Oficina Central de la Administración de Justicia para el esclarecimiento de los crímenes nacionalsocialistas, con sede en Ludwigsburg.
Ello es posible porque, a diferencia de los Gobiernos y, particularmente, del dislate jurídico cometido por el Tribunal Supremo español, en la República Federal de Alemania esos delitos, en tanto que Crímenes contra la Humanidad, no han prescrito y son plenamente perseguibles. Dicha función es la que debía haber asumido hace mucho tiempo en España la Fiscalía General del Estado, que siempre ha abdicado de sus responsabilidades en este ámbito. Ahora, vuelve a ser reclamada por la actual Plataforma por una Comisión de la Verdad.
Pero, en la dirección ya señalada, el Gobierno del PP continúa empeñado en la ocultación de la dictadura y, sobre todo, en el más absoluto desamparo de sus víctimas, pasadas y presentes.
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La respuesta de los medios de información de mayor difusión de sensibilidad conservadora a la elección del cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como nuevo Papa ha sido sumamente positiva, presentando al nuevo Papa como el Papa de los pobres y como un luchador contra las desigualdades que han caracterizado a América Latina durante muchos años. La prensa estadounidense en general –con la excepción de The New York Times- lo ha definido también como el Papa con mayor conciencia social. Incluso la elección de su nombre como Papa, Francisco, reivindicando la herencia de San Francisco, el santo amigo de los pobres, parece confirmar su vocación. En España y en Catalunya los medios conservadores lo han presentado como conservador en temas teológicos, pero progresista en temas sociales. La Vanguardia, cuya línea editorial no se distingue ni por su simpatía hacia los pobres ni por su compromiso con la reducción de las desigualdades, ha alabado al Papa definiéndolo como el Papa Social.
El problema de tal coro de alabanzas es que ignora, en el mejor de los casos, u oculta, en el peor, toda una historia de complicidades y compromisos, a lo largo de la biografía del nuevo Papa, con las fuerzas políticas más responsables de la expansión de la pobreza en Argentina y en América Latina y de la acentuación de las desigualdades sociales. En relación a la Junta Militar, cuyas políticas agravaban la pobreza y las desigualdades en Argentina, su comportamiento fue, en el mejor de los casos, el silencio, con plena conciencia, por cierto, del carácter terrorista de la Junta Militar argentina que gobernó aquel país durante el periodo 1976-1983. En realidad, la Iglesia Argentina, en la cual Jorge Mario Bergoglio era un conocido dirigente, fue una de las Iglesias de América Latina más involucradas en el apoyo de las Juntas Militares, conocidas por su sangrienta y cruel represión de aquellos, dentro y fuera de la Iglesia, que más luchaban por la eliminación de la pobreza y por la reducción de las desigualdades.












