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Conferencia a cargo de José Luis Pitarch, miembro de la UMD y presidente de la Asociación Estatal Unidad Cívica por la República impartida el pasado 21 de marzo en Oviedo, en el Club de Prensa Asturiana del periódico "La Nueva España" .
Permítanme comenzar recordando mi emocionante anterior viaje a Asturias, concretamente a Mieres y Turón, hace algo más de dos años, para intervenir junto a Cayo Lara y Miguel A. Rodríguez en un doble y emocionante Homenaje: a Marcos Ana, el gran luchador antifranquista, el poeta y escritor que sufrió durante innumerables años las cárceles franquistas; y una ofrenda floral a los asesinados por la barbarie fascista y arrojados como alimañas muertas al "Pozu Fortuna" minero.
Honrando a Marcos Ana, lo hacíamos a la vez a aquella inmensa dignidad política, moral y jurídica que marcó una época de lucha por las libertades, por la dignidad de las españoles, entonces arrebatada por el infame césar marroquí y sus secuaces. Una lucha en la que, ¡ay!, estamos hoy de nuevo bajo una renovada y siniestra amenaza a la Democracia, cuando esa feroz hidra del gran dinero, el gran capital oligárquico-depredador, ejerce una nueva forma de terrorismo, el terrorismo financiero-bancario-especulador, que trata de aplastar nuestros derechos más irrenunciables, nuestra dignidad democrática; lo cual, apuntemos desde ya, es tanto como decir nuestra dignidad republicana. Pues tanto monta, monta tanto, usar una u otra palabra, Democracia o República, ya que demandar y luchar por una salida republicana a la actual parálisis de España es lo mismo que hacerlo por una salida democrática. Si el concepto "República" es universal, en España adquiere un papel especialmente vital, habida cuenta de nuestros terribles retrasos históricos y de las alianzas que hemos padecido entre el caciquismo, la Iglesia, el salvajismo capitalista, los militares antidemócratas y facciosos.
Ya es demasiada gangrena soportar una dinastía que, en los últimos dos siglos, ha afligido al pueblo español con monarcas como Carlos IV, quien compartía su esposa reina con el apuesto Godoy; Fernando VII (el asesino, por ahorcamiento seguido de decapitación, de Riego y de la Constitución de 1.812); la Isabel II de incontables amantes (permítanme referirme a uno de ellos, Enrique Puig Moltó, el bizarro capitán de Ingenieros valenciano, probabilísimo padre de Alfonso XII); o el golpista y putero Alfonso XIII. Ya es demasiado el sufrir al actual Jefe de Estado que, al asumir por dedazo de Franco (el genocida verdugo de la II República gracias a Mussolini y Hitler) la Jefatura del Estado el 22/11/75, dirigía a las Fuerzas Armadas un solemnísimo Mensaje ensalzando las Leyes Fundamentales de la dictadura, a las cuales llamaba "fiel reflejo de la voluntad de nuestro pueblo", ¡uf!, pues "se ha cumplido -–añadía-- lo que nuestro pueblo y sólo él desea". Y, de regalo, este ignominioso párrafo del mismo Mensaje del Rey franquista: "Expreso mi reconocimiento y gratitud a nuestro Generalísimo Franco, que nos ha dado un ejemplo único de amor a España y sentido de la responsabilidad". He aquí el manantial de donde manó la monarquía de Juan Carlos, hoy más que amortizado. Y ya ven su desembocadura o sumidero: Urdangarines, Corinnas combinadas con elefantes africanos, escándalo Nóos que resulta "escándalo Familia Real" --por el papel de la Infanta y por el papel de altos funcionarios de la Real Casa como García Revenga--. Por no hablar de una fortuna del Monarca de 300.00 millones de pesetas reunidos partiendo de cero... en tanto el pueblo padece espantosas necesidades.
Mientras, la propia Constitución de 1.978 ve escarnecidos puntos tan fundamentales de la misma como el derecho al trabajo, a una vivienda digna (¡ay las feroces "cláusulas de suelo y techo"), a una remuneración suficiente para el ciudadano y para su familia, a una distribución equitativa de la renta, a una política orientada al pleno empleo, a prestaciones sociales suficientes para el desempleo, etcétera. Particular náusea produce que el actual e inmoral Gobierno de sirvientes del citado capitalismo depredador e inhumano se esté pasando por donde no digan dueñas el Art.49 CE, que ordena a los poderes públicos "amparar especialmente" --repito, especialmente-- a los dependientes y discapacitados.
Mas ¿cómo cumple Su Majestad --para atajar estas canallas omisiones del Gobierno-- el papel que le exige el Art. 56 de "su" Constitución --hecha a su medida--, el papel o función de moderador y árbitro de las instituciones? ¿Modera también S.M. que una trama de delincuentes como la Gürtel pague los fastuosos cumpleaños de los hijos de la ministra Mato? ¿Qué hace el gran Árbitro y Moderador Borbón para atajar la corrupción que supura por mil puntos de las instituciones?
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