Félix población / La Marea
Se les ha negado a quienes fueron asesinados y enterrados como
bestias sin nombre ni seña por la dictadura franquista, la posibilidad
de que la sede de la democracia en Europa colabore en la reivindicación
de esos principios: verdad, justicia y reparación.
Joe
Higgins era el eurodiputado irlandés encargado de dar respuesta a su
colega Raúl Romeva, vicepresidente del Grupo Verde y eurodiputado de
ICV, a la exposición que se iba a presentar en el Parlamento de Bruselas
sobre la exhumación de las víctimas del franquismo. Dicha muestra,
fruto de las investigaciones verificadas desde hace casi 13 años por
Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y la Sociedad de
Ciencias Aranzadi, había sido exhibida hasta ahora en numerosos centros
culturales y universidades de nuestro país, pues Exhumando fosas, recuperando dignidades
es, como su título indica, una respuesta cabal a los tres principios
básicos del derecho internacional a que son acreedores todas la víctimas
por violación de los derechos humanos.
El señor Higgins, sin
embargo, eurodiputado del Partido Popular Europeo, les ha negado a
quienes fueron asesinados y enterrados como bestias sin nombre ni seña
por la dictadura franquista, la posibilidad de que la sede de la
democracia en Europa colabore en la reivindicación de esos principios:
verdad, justicia y reparación. Alega Joe Higgins que las imágenes de la
exposición son impactantes y podrían generar controversia política, como
si la vieja Europa no hubiera presenciado repetidas veces los mucho más
impactantes documentos gráficos de las terribles masacres del
Holocausto, originadas por quienes fueron aliados de la dictadura
franquista, o los múltiples episodios de la violencia terrorista.
Si
esa muestra, cuya presentación estaba prevista para finales de este
mes, no llegara a celebrarse en Bruselas, estaremos no solo ante un
flagrante e insólito ataque a la libertad de expresión en el corazón
institucional de la democracia europea, sino ante un manifiesto
secuestro a la sociedad civil de una de las páginas más negras de la
historia del continente. Las víctimas del franquismo, alojadas durante
decenios en las numerosas fosas del olvido repartidas por el territorio
español, forman parte de la memoria democrática de Europa y como tales
merecen la verdad, justicia y reparación que se les negó durante la
dictadura. Que una institución democrática del carisma del Parlamento de
Bruselas aplique la censura para que esa historia no se conozca,
situaría a esa entidad en una actitud cercana al negacionismo, algo de
todo punto impensable con las víctimas del propio Holocausto o de
cualquier otro régimen dictatorial.
En un discurso pronunciado en
el Parlamento Europeo con motivo del Día Internacional de Recordación
del Holocausto, el pasado 27 de enero, el presidente del mismo, Martin
Schulz, dijo que el pueblo alemán es el responsable de “mantener la
memoria viva”. Porque al pueblo español le compete lo mismo con las
víctimas del franquismo enterradas en las fosas, esa memoria sepultada
ignominiosamente también debería asomarse al Parlamento de Bruselas. No
hacerlo constituye una discriminación intolerable, sobre todo si se
tiene en cuenta que ese mismo Parlamento condenó en julio de 2006 el
golpe de Estado que dio lugar a la dictadura franquista, que el propio
Martín Shultz comparó entonces con el yugo de Hitler en Alemania.
Josep
Borrell presidía en ese tiempo esa institución, y en su discurso se
refirió a la necesidad de condenar críticamente a los responsables de
aquel hecho y expresar nuestro reconocimiento hacia todos los que
combatieron por la democracia, padecieron persecución e impulsaron el
retorno de España a Europa como nuestra patria común. Es de hacer
constar también, sin embargo, que Jaime Mayor Oreja, como representante
del mismo Partido Popular Europeo al que pertenece Higgins, estuvo
entonces muy lejos de esa condena y se limitó a rendir un entusiasta
homenaje a la Transición. Ya sabemos que para este señor el franquismo
fue un periodo de extraordinaria placidez.
