José Luis Centella (secretario general del PCE)
Vivimos en un momento de crisis estructural. Crisis económica,
institucional, social y cultural cuyo resultado no está escrito,
dependerá de cómo finalmente quede la correlación de fuerzas y quién
gane la hegemonía ideológica, se trata de un momento de alto riesgo en
el que el Capital trata de imponer un modelo de sociedad autoritario.
En el marco internacional, el capital, para asegurar su dominio sobre la
economía mundial, necesita cada vez más guerras y conflictos con el
objetivo de conseguir el control de los recursos estratégicos. Las
instituciones internacionales se han convertido, más que nunca en
vehículos de propagación de esas políticas imperialistas tanto las
económicas (FMI, BM y OMC) como las políticas (ONU y UE) y ésta última
muy especialmente, acosada por las contradicciones de su propio modelo
de construcción, que venimos denunciando desde 1992, e incluso desde
antes, como un modelo al servicio de los intereses del capital
financiero y transnacional y no de los de sus pueblos. Las políticas
impuestas desde estas instancias con el pretexto de la salida de la
crisis se están llevando por delante avances y conquistas sociales.
En esta coyuntura, la única salida aceptable pasa por un avance en la
socialización y democratización de las relaciones de producción a nivel
mundial, el ejemplo latinoamericano, con todas sus contradicciones,
señala en la dirección adecuada: una reordenación de la economía al
servicio de las necesidades humanas, la cooperación e integración
regional como alternativa al imperialismo y una democratización de las
estructuras políticas que aumente la influencia de las grandes mayorías
oprimidas y explotadas.
Ningún modelo es exportable, pero al mismo tiempo todos contienen
elementos de los que aprender, en nuestro caso tenemos que tener
presente:
En nuestro país nos encontramos con el agotamiento del régimen
socio-económico construido desde los años 70. Los poderes económicos
españoles pudieron sortear las dificultades y acomodarse con éxito
temporal a la evolución de la crisis capitalista de los 70 con el
señuelo de la integración en “Europa”. Fueron capaces de generar
consensos sociales en torno a la distribución de los “beneficios”
derivados de la incorporación a la UE, primero la masiva inversión tanto
directa como a través de los fondos europeos, luego con el impacto de
los préstamos baratos que financiaron la burbuja inmobiliaria, todo ello
"engrasado" con una serie de corruptelas que aseguraban el
mantenimiento de un bipartidismo imperfecto (PP y PSOE, mas
nacionalistas vascos y catalanes) bajo el paraguas de la institución
monárquica que aseguraba la tranquilidad.
Esta burbuja lanzo a la sociedad al consumismo y ocultó la destrucción
del tejido productivo y, más aún, la sustitución de un modelo de
sociedad en la que el trabajo era un elemento de dignidad social por
otro modelo insolidario que se basó en la cultura del "pelotazo" en el
que lo importante era ganar el máximo de dinero en el menor tiempo
posible, con un paro estructural y una precariedad sistemática como
herramientas de disciplina para la clase trabajadora.
Agotada esta fase, la crisis se revela en toda su magnitud con el paro,
la veloz destrucción de las conquistas sociales y el afloramiento de
toda la corrupción extendida como un cáncer durante estos años.
Lo más relevante es que se manifiesta la inviabilidad de continuar en el
futuro sobre la base económica en la que asienta su poder la burguesía
española: el sector financiero, la construcción y obras públicas, los
grandes servicios, y, en general, aquellas actividades que se apoyan en
el Estado como garante y regulador de sus negocios, y que tiene la
corrupción como un elemento estructural.
La salida antisocial, autoritaria y corrupta cobra sentido con el
objetivo de construir un nuevo orden social, económico e institucional
que consolide el dominio del Capital acabando con todas las conquistas
fruto de más de 150 años de luchas para disciplinar a las clases
trabajadoras y hacer irreversible el neoliberalismo en la Unión Europea,
este es el núcleo de las políticas de austeridad.
El denominador común a la situación española y europea en el terreno
político es la desaparición de toda democracia, incluso la formal. El
neoliberalismo es una fase de retroceso de la democracia representativa
en general (el renacer latinoamericano aparece precisamente como un
proceso de ampliación de la democracia con la democracia participativa).
En estos momentos en Europa la aplicación de las políticas de austeridad
y la reorganización del capital a escala europea requiere una vuelta de
tuerca más como atestiguan todos los desarrollos recientes: el pacto
del euro, la reforma de la Constitución, la supervisión centralizada de
los presupuestos y el caso más agudizado, la implantación de gobiernos
tecnócratas y los “memorandos” de la troika. Todo ello sobre una matriz
esencialmente antidemocrática en cuya cúpula está el Banco Central
Europeo cuya “autonomía” está diseñada esencialmente para proteger por
encima de todo los intereses del capital financiero aislándolo de la
influencia de la lucha de clases,
Por ello estallan ahora todos los escándalos de corrupción como la
puntilla que acabe con cualquier referencia a la política en la salida a
una crisis que ya no tiene a los banqueros o grandes empresarios como
causantes, sino que “ha encontrado” en "los políticos" en general el
elemento sobre el que centrar la ira popular que prepare el camino para
entregar el gobierno de forma más o menos encubierta a “tecnócratas
salvadores patrios”.
En último extremo la salida a una crisis que resulta evidente es
estructural sólo puede tomar el aspecto de una transformación de las
estructuras, que en el caso español implica entrar a fondo a discutir en
tres terrenos que, por la propia naturaleza de la crisis, están
íntimamente mezclados: el de la distribución de la riqueza, el del
modelo productivo y el de la ética y la democracia. O dicho de otro
modo, la cuestión del poder económico, ligado al modelo político e
institucional.
Surge así la necesidad de recuperar, en primer lugar, la democracia, y
hacerlo desde la defensa de la ética como punto de partida para
cualquier alternativa, la defensa del concepto de Ética Republicana que
tiene al trabajo como instrumento de valoración social.
Democracia entendida como la capacidad de los trabajadores y todos los
sectores sociales subalternos de influir en el poder formalmente
instituido. Esta propuesta debe comenzar por revertir la prioridad que
ahora se le ha dado a los mercados y romper con la trampa de la deuda,
obligando al sector financiero español a cargar con sus propios errores.
El modelo democrático-representativo heredado de la transición, con una
ley electoral tramposa y unas instituciones que funcionan a la medida
del bipartidismo imperfecto dominante, se ha revelado insuficiente y se
requieren luchas para procurar los cambios que sitúen al Estado, a todas
las instituciones, empezando por las Cortes Generales, bajo el control
directo de la ciudadanía y permitan iniciativas de democracia directa y
participativa que rescaten lo público de los “mercados”. Aquí la
reivindicación republicana y los proyectos constituyentes conectan tanto
con la resistencia a los recortes como con las demandas de “democracia
real ya”.
El problema de la construcción europea, desde unas bases sociales y
democráticas, adquiere una nueva dimensión, totalmente incompatible con
la actual modelo que tiene en el euro su máxima expresión, aparece de
esta manera la necesidad de intervenir, a partir de la capacidad de
actuar unilateralmente que tiene un Estado y con las consecuencias que
podría tener para el conjunto de las élites económicas europeas una
decisión soberana de impago español.
Frente a esa integración antidemocrática y neoliberal hay que oponer un
proyecto de integración democrática, social y cooperativa, a partir de
los núcleos de resistencia que se van construyendo en la oposición a la
austeridad y a la salida neoliberal a la crisis se puede construir una
Alternativa que plantee una integración cooperativa, con intercambios
planificados y un sistema monetario y financiero controlados
democráticamente, para ello es imprescindible derrotar, derribar la
actual Europa del Euro.
En consecuencia con estos análisis y desde la plena coincidencia
con los objetivos planteados en la X Asamblea Federal de IU de
transformar la movilización en organización, la rebeldía en alternativa y
la alternativa en Poder que dispute la hegemonía al capital y avance
hacia la Rebelión Democrática de la mayoría social, y que se concretó en
la Declaración Política aprobada en esta Asamblea Federal, el Partido
Comunista de España, pone toda su capacidad política y organizativa al
servicio de esta estrategia que se propone Construir una Alternativa
Social, Anticapitalista, y Democrática a la crisis, en España y en
Europa, construyendo las alianzas sociales capaces de conseguir una
salida a la crisis, que se puede expresar como “rescatar a las personas y
a los servicios públicos, no a los bancos”.
Estas alianzas, que no tienen una finalidad institucional se deben
configurar en un Bloque Social y Alternativo que se enfrente como un
contrapoder con la tácita intervención de nuestro país por los poderes
económicos europeos, bien con el disfraz de un “gobierno de salvación
nacional” o con una "pseudodictadura o dictablanda" tecnócrata
enmascarada. Este bloque debería confrontar desde la movilización los
bloqueos legales, institucionales y jurídicos que desde la pesada carga
de la deuda ilegitima posibilitan las políticas de austeridad empezando
por la estabilidad presupuestaria y siguiendo por las reglas del juego
de la UE: libre circulación de capitales, prohibición de financiación a
través del Banco Central, etc.
El PCE ofrece a debate, sin ninguna otra pretensión, que la de aportar
propuestas que faciliten demostrar que es posible una alternativa para
rescatar a las personas y a los servicios públicos, no a los bancos:
1. Programa de empleo público para las personas desempleadas sin
subsidio y de una renta básica para quienes no tengan otra prestación
asegurando un salario mínimo de 1.000 euros y ninguna pensión por debajo
del salario mínimo.
2. Auditoría de la deuda y rechazo de la que no se corresponda con el
déficit generado por los servicios públicos y la protección social.
3. Defensa de la Etica publica y expulsión de los corruptos de las
instituciones mediante una mayor participación y control ciudadano sobre
el gasto y la gestión pública, con democracia avanzada, participativa,
con una separación efectiva entre Iglesia y Estado
4. Reforma de la constitución que fije la prioridad absoluta del gasto
público en pensiones, desempleo y servicios públicos esenciales sobre
cualquier otro compromiso. Derogación de la reforma laboral y de la
reforma de las pensiones.
5. Defensa de las políticas de igualdad como garantía de una sociedad
justa y solidaria. Igualdad real entre mujeres y hombres frente a los
retrocesos que el PP está llevando a efecto en los derechos conquistados
durante décadas de lucha del movimiento feminista.
6. Reforma fiscal progresiva e intensificación de la lucha contra el fraude
7. Defensa de la Paz frente a la utilización de la Guerra como instrumento de dominio y apropiación de las riquezas del planeta.
8. Creación de un sistema de banca pública que realice funciones de
banca al por menor (cajas de ahorros), banca de desarrollo (reconversión
del modelo productivo) y banca del estado (deuda pública).
9. Garantizar el derecho a la vivienda y llevar a cabo medidas
favorables a las familias hipotecadas por medio de la dación en pago con
efectos retroactivos, la moratoria inmediata de los desahucios y la
reconversión de las hipotecas en alquiler social.
10. Defensa de una República Federal Solidaria como modelo de Estado en
el que puedan integrarse todos los pueblos del Estado Español, desde el
respeto a sus identidades culturales y lingüísticas.
El PCE trabajará a escala europea para ampliar esta convergencia, con
todos los medios a su alcance, especialmente entre los partidos,
organizaciones y movimientos de los países llamados periféricos.
