El autogolpe de Estado del PP
nuevatribuna.es | 22 Noviembre 2013 - 16:28 h.
Hace años tuve la
oportunidad de poder apoyar la lucha de los trabajadores peruanos y sus
sindicatos en defensa de su Seguridad Social pública. Las circunstancias
quisieron que mi estancia en Lima se produjera pocos días antes del autogolpe
de Estado de Fujimori para perpetuarse en el poder.
Desde entonces,
siempre que recuerdo la lucha por la Seguridad Social pública, me viene a la
mente su relación con la defensa de las libertades democráticas.
Y eso mismo me ha
pasado esta semana, en lo que posiblemente sea uno de los Plenos del Congreso más
duros, por la intensidad del ataque a los derechos sociales y democráticos.
En una misma
semana, el Congreso aprueba la Ley de recorte de las pensiones, se perpetra un
pucherazo en Castilla-La Mancha, que representa la evidencia de que para el PP
no hay límites, y se anuncia por parte del Gobierno una nueva Ley de Seguridad
Ciudadana y una Ley antihuelga.
Sorprende la poca
repercusión que ha tenido la reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla-La
Mancha. Quizás porque la intensidad y diversidad de los obuses lanzados contra
las libertades es tal, que la ciudadanía no tiene capacidad suficiente de
reacción.
La reforma del
Estatuto castellano-manchego tiene un único contenido: reducir el número
de diputados de las Cortes Autonómicas. Y un único objetivo: la perpetuación de
Cospedal y el PP en el poder autonómico.
A pesar de los
muchos esfuerzos que hicieron los portavoces del PP para presentar su reforma
del Estatuto como una medida de austeridad, lo que confirma que el nivel de
cinismo y manipulación mediática del PP no tiene límites, en el debate quedó
claro que su único objetivo es el control político de su comunidad autónoma por
la vía de impedir la presencia de otras fuerzas políticas que no sean PP y
PSOE. Cada vez es más evidente que contra el PSOE, el PP vive mejor.
El resultado de
esta reforma estatutaria es que todas las fuerzas políticas que no superen el
14% de los votos no tendrán representación en las Cortes Regionales. Conviene
recordar que, no hace mucho en una anterior reforma, se aumentó el número de
parlamentarios a elegir para facilitar el control de la Cámara. Y que Cospedal,
en una decisión de corte mussolianiano, decidió que los parlamentarios autonómicos
no cobraran por su trabajo, en una vuelta al sistema del siglo XIX, por el que
solo podían ejercer cargos de representación política los caciques, los señoritos
o quienes estuvieran a su servicio y en su nómina.
Más allá del
contenido concreto de las leyes aprobadas, en la actitud del PP hay todos
los elementos de los regímenes autoritarios con formas democráticas. En otros
momentos de la historia española a estas situaciones se les ha llamado
Dictablandas. A quienes piensen que abuso del término primoriverista, porque en
estos momentos no existe intervención del Ejército, solo quiero recordarles lo
que dicen los sociólogos sobre las modernas formas de dominación social. Antaño,
el control de las sociedades por los poderosos se realizaba a través del uso de
la fuerza, la policía y los ejércitos. Hoy, el control social no requiere de
estos mecanismos tan burdos, porque el control social se lleva a cabo a través
de la dominación ideológica de las mentes. El papel del ejército en el control
social lo desempeñan hoy los poderes mediáticos. Lo explica de maravilla
el profesor Manuel Castells.
Es ese control
social el que le permite a Rajoy la reforma de leyes básicas para el
Estado social, como la de pensiones, con el único voto a favor del PP y en
contra de todo el resto de partidos, así como de sindicatos, empresarios y
organismos consultivos.
Y para poder
imponer sin oposición de ningún tipo estas contrarreformas sociales, se
pretende registringir el uso de las libertades y los derechos fundamentales. Se
trata de impedir la existencia de contrapesos sociales, ignorando que la
democracia es sobre todo la existencia de contrapoderes. Por supuesto, presentándolas
como medidas necesarias para garantizar la seguridad, la convivencia.
Una sociedad en
la que se concentra en una sola mano el control de todos los poderes –legislativo,
ejecutivo, judicial, organismos supervisores– y se impide el ejercicio de los
derechos fundamentales, se aleja de las condiciones básicas de la democracia.
Una sociedad en la que quienes ostentan el poder van cambiando las reglas de
juego, las reglas institucionales, para adaptarlas a sus intereses partidarios
con el objetivo de mantenerse en el poder, carece de los atributos propios de
los sistema democráticos. Por eso me parece que en la semana del 20N se ha
cruzado una línea peligrosa para la democracia.
El PP afronta
esta segunda parte de la legislatura con un doble objetivo, aparentar una
dulcificación de sus políticas económicas en un contexto de aparente y ficticia
recuperación y cohesionar a su electorado más derechista con políticas de régimen
duro en el terreno de las libertades civiles. En esta línea van las anunciadas
reformas de la Ley de aborto, el proyecto de Código Penal y las
anunciadas leyes de Seguridad Ciudadana y antihuelga.
En este contexto,
la reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha, impulsado por la
que es la secretaria general del PP, no es una medida más. Es la evidencia de
que en España se está materializando un autogolpe de Estado para la perpetuación
del PP en las instituciones. Esta semana no he podido dejar de pensar en el Perú
de Fujimori.