Bertran Cazorla (lamarea.com)
Su desunión y fragmentación en facciones que mantenían discrepancias bizantinas
es uno de los factores que se suelen enumerar para explicar por qué los
grupúsculos ultraderechistas españoles no han salido de la irrelevancia en las
últimas décadas. Hace unos meses, sin embargo, que algunos de estos grupos más
destacados han encontrado la mejor herramienta para superar estas divergencias:
un enemigo común. Es el soberanismo catalán. Frente a él, La Falange-FE (uno de
los varios grupos que reivindican la herencia del partido fundado por José
Antonio Primo de Rivera), Democracia Nacional, Alianza Nacional, Nudo Patriota
Español y el Movimiento Patriota Español-Acción Juvenil Española han comenzado a
organizar actos conjuntos bajo el paraguas de una nueva plataforma, la España en
Marcha.
Causas del neosoberanismo catalán
La enorme decepción catalana por la decisión humillante del Tribunal Constitucional (2010) de amputar el Estatut del 2006, llevó a muchos federalistas, que creyeron en el proceso escrupuloso del poco a poco, a la conclusión de que el problema de Catalunya es la baja calidad democrática de la España actual, y que eso no tiene remedio. Se movilizaron en protesta pero sin proyecto.
La frustración de las clases medias y trabajadoras por el impacto y la gestión de la crisis económica, ha sido, sin embargo, la espoleta para que el proyecto soberanista aparezca a los ojos de la mayoría como una alternativa global al conjunto de problemáticas catalanas.
En efecto, la cicatería presupuestaria y social del Estado y de la UE, tuvo en el Gobierno de Artur Mas -con sus duros recortes, presentados como obligados- un discípulo aventajado. Pero la deriva social hacia el soberanismo explica su giro dramático de posición en relación al derecho de decisión, intentando cabalgar el tigre y minimizar la impopularidad de su gestión. Su fracaso electoral ulterior (2012) no le permitió dar marcha atrás y, al mismo tiempo, homologó institucionalmente la salida soberanista que ya forma parte de la nueva cultura política catalana.







