David Torres / UCR / Público
Se calcula que la mafia china sacaba de
España de diez a veinte millones de euros limpios al mes, una cantidad
ridícula si se piensa en lo que mueven nuestros sospechosos habituales.
Los amiguitos del alma del Gürtel, por ejemplo, se gastaban eso sólo en
propinas y a Urdangarín no le habría llevado más de dos tardes paseando
el mismo contrato fotocopiado por siete oficinas autonómicas. Dicen que
el gobierno ha ido a por la mafia china por competencia desleal, pero
más bien parece que les estén castigando por inútiles.
Con lo fácil que era acogerse a la
última amnistía fiscal, no se entiende que los mafiosos chinos
estuvieran perdiendo el tiempo entre platos de arroz tres delicias,
mariconeando con jarrones horteras y gatos que eternamente se despiden.
Cuando se roba hay que ir a por todas. Tanto saltarse la ley a la
torera, con las autoridades haciendo la vista gorda, permitiendo a los
comercios abrir y cerrar cuando les de la gana, dejando que los niños se
deslomen en las estanterías de un Todo a Cien sólo para que un vago
baje a comprar pan un domingo a las once y media de la noche, y al final
van y les engañan como a chinos. Mucho Fu Manchú y mucho peligro
amarillo, pero los chinos siempre han sido los esclavos perfectos de
occidente, mano de obra barata, discreta y obediente desde los tiempos
en que se mataban de sol a sol en los raíles de la Union Pacific.
Entre los detenidos en las primeras
redadas sobresale de frente y de perfil Nacho Vidal, un adalid del porno
que, aprovechando su físico acojonante y su mirada chunga, se había
pasado al cine serio donde casi siempre hacía de mafioso del este, se ve
que se le ha ido la mano de tanto repetir el papel. Lo mejor de todo es
que a los sacristanes y beatas de este gobierno meapilas les va a venir
de perlas esta conexión oriental entre pornografía y dinero negro, uno
de esos dibujos inconclusos en los que no hay más que unir la línea de
puntos para comprobar la mínima distancia que hay entre un delito y una
erección de las gordas, de las que llegan hasta el cuello.
En cuanto a los grandes estafadores
(los defraudadores perpetuos, los políticos incorruptos, los
beneficiarios de las SICAV, ese par de Albertos amnistiados porque sí,
ese Urdangarín al que, como mucho, lo van a borrar de las postales
navideñas de la Casa Real), bueno, ya se sabe. En España nunca tendrás
problemas siempre y cuando no te juntes con chinos. La moraleja de esta
película (Operación Emperador, no confundir con el Rey, hagan el favor)
es que los chinos siempre serán malos, que los pobres siempre serán
chinos y que la justicia es un gato misterioso saludando desde un
escaparate.
