Toni Martínez (Más Público) / UCR
Las apariciones públicas de los
miembros de la monarquía española está plagada de situaciones absurdas,
equívocos, salidas de tono y diferentes actitudes que podrían
calificarse de ridículas. La penúltima, por ahora, la protagonizada por
el príncipe Felipe.
El heredero acudió el pasado miércoles
al funeral en memoria de Iñigo de Arteaga. Allí, al abandonar la
iglesia, se encontró con una mujer que pedía limosna y que le tendió la
mano para pedirle dinero. El Borbón, ni corto ni perezoso, no dudó en
alargar su mano y arrearle un buen apretón, sonrió y siguió con su
caminar.
Esta situación recuerda mucho a la que
protagonizó, según la cajera de Forever Young, el expresidente Francisco
Camps. “Empaqueté el traje, metí los zapatos en la bolsa y preparé el
tique como siempre. Lo dejé en la caja, él (Camps) vino, se acercó,
pensé que me iba a dar el dinero pero me dio la mano… Y me dijo gracias,
gracias”, tal cual.
Esta, digamos que salida de tono del
heredero, parece venirle de sangre, azul. En la memoria colectiva quedan
aquellas palabras, exageradas, del Rey en 2007. “¿Por qué no te
callas?”, le lanzó al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante una
Cumbre de jefes de estado en Chile.
Meteduras de pata en público y
tropezones varios. En noviembre de 2010 el monarca español protagoniza
un resbalón en público. Tan solo un año más tarde un accidente doméstico
con una puerta le hacen aparecer con unas gafas de sol en diversos
actos oficiales. Las gafas ocultaban un moratón en la cara.
En agosto de este año el rey se cae de
nuevo, esta vez durante una visita a la sede del Estado Mayor de la
Defensa. Pero la caída más recordada es la de abril, el monarca sufre un
accidente mientras se encuentra de caza en Bostwana. Pero ese safari le
salió más caro que los 45.000 euros que se estiman de coste total, su
imagen se desgastaba ante la opinión pública. Tanto es así que, días
después de la rehabilitación, Juan Carlos tiene que salir pidiendo
perdón al pueblo. “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a
ocurrir”, se lamenta como un niño ante la cámara de la agencia Efe.
Días antes del ‘safari maldito’ es el
nieto quien protagoniza otro altercado. El hijo mayor de la infanta
Elena y de Jaime de Marichalar resulta herido tras dispararse en el pie
durante una cacería con su padre. El niño es menor de 14 años, la edad
permitida para usar armas de fuego, pero el incidente queda en nada.
El caso del yerno perfecto, Iñaki
Urdangarin y los oscuros negocios de Noós con administraciones públicas,
sí ha empezado a tener consecuencias, al menos “en familia”. Y es que
el empresario y su esposa, la infanta Cristina, han sido apartados de
varios actos oficiales e incluso se quedaron castigados sin vacaciones
con el resto del clan. Los juzgados de Palma tendrán la última palabra
sobre el tema.
La parte femenina de la Familia Real
también tiene que padecer sus propios momentos campechanos/machistas. En
noviembre de 2010, los príncipes visitan Perú. Allí un “problema de
protocolo” hace que la princesa quede marginada de la visita, nadie le
saluda y, mientras su marido pasa revista a las tropas, ella deambula
perdida por las pistas del aeropuerto de Lima.
Años después se produce una situación
parecida. Durante una recepción en la Zarzuela a miembros del cuerpo
diplomático de varios países, un representante del Congo se niega a dar
la mano a la Princesa de Asturias que tuerce el gesto y se queda, de
nuevo, plantada.
La Reina Sofía también ha tenido que
sufrir, históricamente, esa discriminación. Durante una visita de
Benedicto XVI el monarca le suelta una reprimenda en público a su mujer
por ir al lado del Papa. Ella calla y obedece, el protocolo es el
protocolo.
La misma Sofía está en el centro de la
polémica cuando en una biografía de Pilar Urbano descubrimos su lado
más, ¿campechano? La reina se muestra contraria al aborto, la eutanasia y
el matrimonio homosexual. La periodista afirma, respecto al marido de
Sofía, que tiene una máxima, aprendida de Franco, “escuchar, mirar y
callar”.
Quizás por esa máxima que circula por
palacio, se entiende que haya cosas que no conteste en el libro. Una de
ellas, la relación especial que une al monarca con la princesa alemana
Corinna zu Sayn-Wittgenstein, atractiva empresaria con negocios en
países árabes. Diversos medios europeos señalan que son más que amigos.
Ese “escuchar, mirar y callar” también
se ha aplicado durante años a los rumores sobre posibles hijos
ilegítimos de Juan Carlos. Al menos hasta esta semana, cuando el
diputado de IU Gaspar Llamazares se ha pronunciado públicamente sobre el
tema. Tras conocerse que dos magistradas habían decidido no admitir a
trámite sendas demandas de filiación interpuestas por un hombre y una
mujer que aseguran ser hijos del jefe de Estado, Llamazares tachó su
decisión de “desvarío”. Mientras, en las redes sociales comentaban el
gesto
campechano que transmitía el demandante, Albert Solá, en las fotos
hechas públicas.
Para acabar con este recorrido de
‘campechanismo’, el Rey ha dado nuevas muestras este mismo jueves. En
una visita económica a la India, Juan Carlos I ha asegurado que las
medidas del gobierno de Rajoy “ya han comenzado a dar sus frutos
mejorando la productividad y la competitividad”. Los casi cinco millones
de parados podrían dejar, de repente, de verle tan... campechano.
